Visita al estudio de Jordi Mollà, un espacio que forma parte esencial de su práctica artística.
Donde la pintura se desarrolla como un proceso directo, físico y profundamente personal, donde el gesto y la materia son los principales vehículos de expresión.
La obra pictórica de Jordi se sitúa dentro de una abstracción de carácter expresionista. El lienzo es entendido como un espacio de acción y de investigación, en el que el color, la textura y la superposición de capas construyen superficies cargadas de tensión y profundidad emocional. No hay una voluntad narrativa ni figurativa, sino una búsqueda de presencia y verdad en el propio acto de pintar.
Cada obra funciona como un registro del proceso creativo y del momento en el que fue realizada. En ese equilibrio entre control e intuición, la pintura se convierte en una experiencia abierta, tanto para el artista como para el espectador.
Esta visita es una oportunidad para acercarnos no solo a las obras, sino también al contexto en el que nacen: el estudio como lugar de trabajo, reflexión y experimentación. Les invitamos a recorrerlo con una mirada abierta y sensorial.
Jordi Mollà: un artista polifacético
Jordi Mollà es un artista español reconocido internacionalmente por su versatilidad y profundidad creativa. Nacido en Barcelona en 1968, Mollà ha desarrollado una carrera sólida y diversa como actor, director, guionista, escritor y pintor, destacándose por una personalidad artística intensa y expresiva.
En el ámbito del cine, Jordi Mollà ha participado en numerosas producciones españolas e internacionales, trabajando en Hollywood junto a grandes figuras del cine. Su capacidad para interpretar personajes complejos, a menudo marcados por una fuerte carga emocional, lo ha convertido en un actor respetado y fácilmente reconocible. Películas como Jamón, jamón, Blow o Bad Boys II reflejan su talento y proyección internacional.
Más allá de la actuación, Mollà también ha desarrollado una importante faceta como artista plástico. Su obra pictórica es visceral, abstracta y profundamente personal, caracterizada por el uso expresivo del color y la materia. A través de la pintura, el artista explora emociones, conflictos internos y reflexiones sobre la identidad, mostrando una sensibilidad distinta pero complementaria a su trabajo cinematográfico.
Jordi Mollà representa el ejemplo de un creador inquieto, que no se limita a una sola disciplina y que utiliza el arte como un medio de exploración personal y expresión emocional. Su trayectoria demuestra que el arte, en cualquiera de sus formas, es un lenguaje poderoso para comunicar lo humano.
Jordi Mollà obra pictórica
La obra pictórica de Jordi Mollà se desarrolla como una práctica de investigación artística centrada en el gesto, la materia y la experiencia emocional. Su producción se inscribe dentro de una abstracción de carácter expresionista, en la que el acto de pintar se concibe como un proceso físico e introspectivo, más que como un ejercicio de representación formal.
El lienzo es entendido como un espacio de acción y confrontación, donde la pintura emerge desde un impulso primario. Las superficies se construyen mediante capas superpuestas, empastes densos y una gestualidad marcada que evidencia la relación directa entre cuerpo y materia. El color adquiere un valor estructural, actuando como generador de tensión, profundidad y ritmo interno en la composición.
En estas obras no existe una voluntad narrativa ni figurativa. La abstracción se presenta como un lenguaje abierto, donde la intuición y el azar dialogan con una conciencia compositiva que organiza el equilibrio interno de la pieza. Este equilibrio se mantiene en una constante tensión entre control y espontaneidad, reforzando el carácter orgánico y procesual de la obra.
La pintura se plantea, en este contexto, como un medio de exploración interior y de registro del instante. Cada obra funciona como una huella del proceso creativo, un testimonio de una experiencia vivida en el tiempo de la ejecución. El espectador es invitado a una aproximación sensorial y perceptiva, en la que el significado no se impone, sino que se construye desde la resonancia emocional y la interpretación personal.
La práctica pictórica de Jordi Mollà se sitúa así dentro de una tradición contemporánea que entiende la pintura como un espacio de reflexión, presencia y experiencia, donde el gesto y la materia se convierten en herramientas fundamentales para la investigación de lo esencial.




