El pasado 15 de julio, los socios y amigos de ACCA tuvimos el honor de realizar esta visita de la mano de la galardonada Elena Jiménez.
Durante el recorrido nos acompañó Javier Blas, subdelegado de la Calcografía Nacional y cocomisario de la muestra, quien nos ofreció una extraordinaria introducción histórica sobre la trayectoria del Premio Nacional de Arte Gráfico y la importancia de la estampa para el coleccionismo como patrimonio cultural.
La artista alicantina Elena Jiménez ha recibido el Premio Nacional de Arte Gráfico en reconocimiento a su práctica continuada, durante más de cuatro décadas, de los recursos, sistemas y procesos de generación de imágenes múltiples.
La Calcografía Nacional instituyó en 1993 el Premio Nacional de Grabado. Desde entonces y hasta el presente, se ha convertido en el galardón de arte gráfico más importante que se otorga en España.
La exposición del Premio Nacional de Arte Gráfico, comisariada por Javier Blas y Elena Jiménez, está coorganizada por la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid.
El jurado del Premio estuvo presidido por el académico delegado de la Calcografía, Museo y Exposiciones, Víctor Nieto. Como vocales participaron la directora del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, Carlota Bustos; la responsable de Artes Visuales del Instituto Cervantes, María José Magaña, y la catedrática de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, Rocío de la Villa.
Artista visual, docente e investigadora, Elena Jiménez ha explorado diferentes géneros, como el dibujo, la fotografía, la cerámica o la instalación. Sin embargo, el arte gráfico ha sido el medio con mayor continuidad en su extensa trayectoria y el que mejor define su propuesta creativa.
Una de sus aportaciones más relevantes ha sido la exploración de los límites de la imagen múltiple impresa mediante instalaciones tridimensionales de gráfica expandida, así como la indagación en parámetros procesales, objetuales y conceptuales alternativos dentro del campo de la estampa.
Varias de sus propuestas aluden al cuerpo mediante estrategias de comparación y recurren a formulaciones relacionadas con la fragilidad o la tenacidad, la plasticidad o la resistencia mecánica, que utiliza para mapear síntomas y diagnósticos físicos. En su práctica artística propone mecanismos para romper con normas sociales obsoletas y hábitos de conducta impuestos.
Sus trabajos reflexionan sobre la representación y la identidad, sirviéndose de un dispositivo fronterizo entre procesos multidisciplinares desde el que repensar los límites de la reproducción y la serialidad, así como cuestionar lo múltiple como cualidad supuestamente genuina de las categorías gráficas.
La artista emplea esta estrategia de tensionar la especificidad del género tanto en iniciativas desarrolladas en el espacio urbano como dentro del área acotada de una sala de exposiciones.
Apropiaciones, resignificaciones, estructuración semántica en planos superpuestos, derivas entre la abstracción y la figuración, subjetividad del mensaje, incitación a la implicación activa del receptor en la búsqueda de significado, transitoriedad de la apariencia e imposibilidad de una representación finita son algunos de los artefactos intelectuales de los que se vale Elena Jiménez para proponer, a través de su obra, una metáfora sobre la violencia física y cultural, sin abandonar el empeño de construir situaciones capaces de modificar la realidad.
















